hay un montón de rumores acerca del verdadero sentido de la vida, todos apuntan a que la vida está aquí para demostrarse a sí misma que hay un camino largo por recorrer que no sirve para nada. no hay mucho que demostrar aparte de ello. los teólogos se alejan de la teología, los santos de la santidad, los chistes de fútbol no son bienvenidos en este planeta... pero ¿saben? hay algo que todavía funciona; la licuadora de mi casa, viene de hace tres o cuatro generaciones, es lindísima, es como gigante a dos velocidades, pesa más que mi refri, si estuviese limpia sería vintage, pero como está sucia como una mula después de hacer el amor, es sólo una baratija. hemos licuado de todo, desde gente muerta a gente viva. en mi familia no hay nadie que crea que la incineración es buena onda. la licuadora nos da momentos felices. hay quienes subestiman el amor que una licuadora puede proporcionarle a las personas, pero es casi como una religión, no necesitamos congregarnos a su alrededor porque su potente sonido alcanza cualquier rincón de la casona. tres pisos y el sótano cubiertos por un espantoso zumbido que ha estado siempre allí, tanto tiempo, tantas veces que, cuando por las mañanas la cocinera se levanta a hacer salsas para el desayuno, ya nadie se despierta, creo que solamente me ha despertado unas 6 veces, de más de 20,000 días que llevo existiendo. recuerdo todas esas interrupciones, casi siempre estaba soñando con guerreros de alguna dinastía china que no existió jamás que venían a mi casa a pedir comida porque iban a recorrer un largo camino. mis sueños son siempre muy parecidos...
la licuadora está a punto de morir, mis sueños también. los extranjeros que me abordan en sueños para preguntar cosas y con los que es dificilísimo comunicarse y que gastan todo mi sueño preguntando por una taquería cercana o por algún familiar muerto, me aburren. es una pérdida de esfuerzos, es peor que cualquier lucha, la lucha en sí, que se agita por seguir luchando pero no se deja preguntar porqués ni cómos.
adentro de todo ese sin sentido, con la licuadora prendida, con el tiempo aire de vida gastándose, el corazón latiendo a 80 por minuto, me encontraba yo, desnudo, corriendo en un parque, a las dos de la mañana. mi nana hacía licuados de mamey congelado para toda la familia de mi familia, unos 500 invitados. los carros se escuchaban a lo lejos y las parejitas nocturnas que se ocultan en las sombras vegetales hacían el amor disimuladamente, un bebé lloraba en una estufa, la mañana era tan nocturna como todo lo planeaba, y de pronto, me encontré con la respuesta a todas mis preguntas. era una hoja de contacto del examen de matemáticas que había hecho hacía seis o 15 semañas o años. los dientes me brillaban como nunca más, la maltodextrina machacaba mi alma. y entonces comprendí que no hay lugar como el hogar y así, comencé a construir lo que hoy es considerado el bache lleno de popó más grande de todo acopilco (que es mi segundo nolugar favorito después de rafael dónde).
la licuadora está a punto de morir, mis sueños también. los extranjeros que me abordan en sueños para preguntar cosas y con los que es dificilísimo comunicarse y que gastan todo mi sueño preguntando por una taquería cercana o por algún familiar muerto, me aburren. es una pérdida de esfuerzos, es peor que cualquier lucha, la lucha en sí, que se agita por seguir luchando pero no se deja preguntar porqués ni cómos.
adentro de todo ese sin sentido, con la licuadora prendida, con el tiempo aire de vida gastándose, el corazón latiendo a 80 por minuto, me encontraba yo, desnudo, corriendo en un parque, a las dos de la mañana. mi nana hacía licuados de mamey congelado para toda la familia de mi familia, unos 500 invitados. los carros se escuchaban a lo lejos y las parejitas nocturnas que se ocultan en las sombras vegetales hacían el amor disimuladamente, un bebé lloraba en una estufa, la mañana era tan nocturna como todo lo planeaba, y de pronto, me encontré con la respuesta a todas mis preguntas. era una hoja de contacto del examen de matemáticas que había hecho hacía seis o 15 semañas o años. los dientes me brillaban como nunca más, la maltodextrina machacaba mi alma. y entonces comprendí que no hay lugar como el hogar y así, comencé a construir lo que hoy es considerado el bache lleno de popó más grande de todo acopilco (que es mi segundo nolugar favorito después de rafael dónde).




