sábado, octubre 23, 2010

de caca y popó.

creo que yo también me caigo bien. a veces. no es que cuando no me caigo bien me caiga mal, necesariamente, aunque la mayor parte del tiempo me cago, no en el sentido literal, aunque sí, a veces me aguanto de más las ganas de hacer popó, y no es que me cague, pero es como si me cagara por dentro. pero a eso no quería ir. bueno, más o menos. tenía tres ideas al empezar el post, y ya me gasté dos, así que guardaré la tercera el mayor tiempo posible.

creo que a ustedes, sucios lectores, perversas lectoras. los pocos que quedan, les gusta la retorcida forma que tengo de confesarles tonterías, que les cuente cosas como contándoles secretos, ya no me acuerdo si prefieren que les hable de mis miedos o de los miedos ajenos, o de miedos simpáticos inventados como: "tengo miedo que un día despierte mi lado lésbico y me quiera violar, pero como no tengo vagina, me meta el puño por el ano y me sangre tanto, que el olor atraiga mil vampiros y me sequen toda la sangre"

hablando de mentiras, déjenme confesarles que, a lo largo de todos estos años, les he contado algunas mentiras, quizá ni cuenta se han dado, quizá quieren creer en mí porque soy guapo. ya, déjenlo así. no vale la pena creer en los guapos, hay un pedo cuando se cree en los guapos, uno muy grande. no sé cuál es, si lo supiera no estaría blogueando, estaría por allí aprovechando mi galanura y mi guapurez para conseguir helados gratis. aunque pensándolo bien, no soy tan guapo, al menos no tanto desde que mi sobrepeso se convirtió en obesidad mórbida y comencé las dietas de mis primos:

dieta de chicharrón: consistía en no comer absolutamente nada que no fuera chicharrón de cerdo, en cualquiera de sus presentaciones, o sea, prensado o frito o la otra que es más asquerosa. me la pasé bien, bajé 9 kilos pero en cuanto comencé a comer verduras y frutas otra vez, porque no tenía energía, me dio un rebote, literal, me creció tanto la panza que cayó al piso y reboté. me alcé 35 metros y al caer me fracturé la piel, y me salieron como un millón trescientas cuarenta y dos mil setecientas veinticinco estrías en cada lonja. 

en fin, los quise mientras fui guapo.  

ah, sí, ¡las hemorroides! 

martes, octubre 19, 2010