la última parte del juego es una payasada, parece que nadie tiene derecho de vivir, pero sí
yo al menos.

sin ganas de seguir con vida, lo único que nos alienta es creer que algún día viviremos en volver al futuro 2, con unos nike que se ajustan a nuestra talla, patinetas voladoras y autos vintage que funcionan con gasolina. 

pero, obviedad tras obviedad no se llega a ningún lado, ni siquiera a un lugar común, sólo al cansancio y a la plenitud de un desastre perfecto. seré redundante.

nada es más hermoso que vivir. nada, ni yo.

y si después de unos cuantos vasos de cerveza, el estómago se puede acostumbrar al maltrato, lo único que necesitamos es darnos un espacio día con día para saborear la derrota, el espasmo pero también un cafecito y unas palmaditas en las nalgas. 

pensando en una plática, bellísma, creo. que tuve hace un par de días, o quizá una semana, mencioné que todos somos unos perdedores, luego me pegó pensar que soy un perdedor y me consoló saber que todo mundo cree que es un perdedor, al menos eso dicen las revistas. 

aún así, no he fracasado, puedo explicarlo. aunque sonará raro. les gusto a las niñas, no a las adolescentes, a las niñas niñas, que van sentadas en el camión con su mamá y se me quedan mirando, o que son hijas de mis amigas y ellas me explican, mi hija no deja de hablar de ti, parece como enamorada. es muy extraño a la vez que es bonito, recuerdo cuando yo era niño y mi mamá le comentaba a alguna adolescente: "le gustas a mi hijo" me ponía colorado, no es algo que uno controle y lo peor es que no tiene sentido mencionarlo, uno debe dejar al niño con su no se qué y dejarlo brincar de emoción cuando ve a la mujer de sus sueños. el caso es que resulta que apenas alcancé la personalidad de niño cool que nunca tuve cuando era de verdad un cachorro. tal vez no deba sentirme orgulloso de tener la chispa de un niño de 9 años, pero es que cuando niño nunca fui cool; al menos puedo presumir que en algo avancé en la vida. pensándolo bien casi nadie logra nunca convertirse en un niño cool. 

esto último me recuerda a las amigas de mis primas que cuando niño me decían: ¿no tienes un hermano más grande?, quizá de niño tenía la exquisita personalidad de un adolescente encantador, ya saben, tipo mark de the boat that rocked. 

tristísimo estar escribiendo estas líneas, ¿no creen?

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