miércoles, octubre 31, 2012

hay una hoja pegada, my child


hay una hoja pegada en mi cuarto que tiene otras dos hojas ocultas detrás selladas con masking, una es la dedicatoria que me hicieron cuando me regalaron rayuela, que dice "aunque sea difícil de creer o de entender... te amo". la otra es un boceto de un escrito que le dejé a una chica después de un encerrón rodeados de un calor insoportable y neblina que no me dejaba ver la luna, tres noches, luego de no haber salido de la ciudad en 9 años. Las tres hojas juntas son mi único tesoro, no importa que tenga otros objetos valiosos (I mean, in the same fucking way), esas tres pinches hojas dicen mucho de quién fui, por eso son un tesoro, porque las tres hablan de tres momentos irrecuperables en mi vida que, recordarlos, invariablemente me hace cagar o me saca una hemorroide, por no decir llorar como un puto marica.


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los niños de la escuela donde trabajo no pueden disfrazarse de halloween, no sé bien si es porque lo consideran satánico, indecente o simplemente porque son muy mamones, pero hacen un ejercicio harto interesante; los niños deben vestirse  (con pretexto del día de todos los santos) como se verán en el futuro cuando sean empleados de alguna empresa o lo que sea que les dé de comer. los resultados no dejan de sorprenderme, siempre hay algún niño terrible que se pone un traje, se pinta un bigote y dice que será presidente, están los muchos que se visten de astronautas o de pilotos de carrera; y qué decir de la masa que se pone el uniforme del barça y sueña con meter goles estilo messi. hay arquis, inges, lics y demás oficios aburridos, también están los súper producidos policías o capitanes de vuelo en aeroméxico. pero los que mejor me caen, son los que aprovechan el día para no usar uniforme y vestirse cómodamente. uno de ellos me dijo: "yo quiero ser un vago, pero como mi papá tiene mucho dinero, lo más probable es que sea un vago con ropa bonita, como ésta". Otros maestros y yo a la salida, aprovechamos el desfile por las escaleras para preguntarles a todos los niños que bajaban hacia la puerta de qué eran sus disfraces. la verdad era un mero pretexto para cabulearlos, por ejemplo a un niño con un traje medio espacial le preguntamos si de grande quería ser miembro de parchís. los más divertidos eran los que olvidaron la festividad y se dejaron el uniforme, desafortunados… los chistes iban desde los obvios:  "vas a ser fósil y siempre estudiarás en la escuela" o "vas a ser maestro de deportes" hasta los más manchados jugando un poco con sus personalidades: "vas a ser un cadenero" o "en el futuro usarás la misma ropa porque no vas a madurar jamás" pero lo que más le dio risa a todo mundo fue cuando se acabaron los alumnos y nos molestamos entre nosotros; al maestro de deportes le dijeron que si iba a ser dealer, o a algún morenazo si iba a ser grasa para zapatos, ya saben el racismo a su esplendor. entonces vi que era mi oportunidad, saqué la panza y dije: 

"y a mí me va a dar un infarto, diabetes y ya no se me va a parar la verga"

antes de decir "verga" ya estaban en el desternille, siempre ha sido así, aprendí muy joven que el mejor recurso de la comedia es el autosabotaje y, que, para hacer reír a todo mundo, no hay nada más efectivo que soltar verdades crueles sobre uno mismo. quizá eso explique la puta desgracia en la que me metí desde pequeño, sufrir para mí es material para mis chistes. y no es que me tire al drama, pero me encanta ser chistoso. 


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creo que mi mamá se va a venir a vivir con nosotros para siempre y no nos quiere decir que ya no tiene trabajo ni casa, pero lleva casi la semana aquí, y hace dos semanas también se quedó una semana completa. apenas pueda correrla voy a tener que irme de acá también, no vaya a ser que regrese.